lunes, 4 de enero de 2010

2666 - Roberto Bolaño




Hace ya varios años que quería leer 2666: desde su publicación en 2004 y tras leer varias opiniones de los lectores y algunos artículos de la crítica literaria, todos ellos alabando la obra póstuma del chileno Roberto Bolaño. Algunos críticos consideran esta ingente novela, de 1.120 páginas, como una obra maestra de la literatura en español. Traducida al inglés en 2008, recientemente ha sido galardonada con el premio a la mejor novela de ficción de 2008 por el Círculo Nacional de Críticos Literarios de Estados Unidos.

Yo no puedo decir que su lectura me haya decepcionado, pero lo cierto es que no ha llegado a engancharme tanto como esperaba. En 2666 no se cuenta una historia, sino muchas historias que funcionan como piezas de un mismo puzzle que el lector debe ser capaz de montar. Esta multiplicidad de historias, personajes, lugares e incluso épocas, junto a una estructura compuesta por cinco capítulos cuasi independientes y final abierto, hacen que 2666 sea una novela de no fácil lectura y de múltiples interpretaciones, tantas como lectores. Además, conviene saber que en 2666 se alude con cierta frecuencia a elementos o situaciones de obras anteriores de Bolaño, por ello hay quien recomienda leer primero cualquier otra novela del autor, de dimensiones más asumibles, como Los detectives salvajes (1998) o Amuleto (1999), antes de adentrarse en "un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento", que supone 2666, según cita de Baudelaire que aparece al comienzo del libro.

De forma muy resumida algunos críticos consideran que el argumento de la novela gira en espiral alrededor de dos ejes: uno es la literatura, encarnada en el escritor alemán Beno von Archimboldi, y el otro la violencia, presente principalmente en la descripción de los asesinatos de mujeres ocurridos en Santa Teresa, trasunto literario de Ciudad Juárez.

En cuanto al significado de su enigmático título nada se dice en la novela; pero podemos encontrar una pista de lo que puede significar 2666 en otra novela de Bolaño, Amuleto, basada en otro hecho violento, la matanza estudiantil de Tlatelolco, ocurrida en México DF el 2 de octubre de 1968:

“Los vi caminar a paso ligero por Bucareli hasta Reforma y luego los vi cruzar Reforma sin esperar la luz verde, ambos con el pelo largo y arremolinado porque a esa hora por Reforma corre el viento nocturno que le sobra a la noche, la avenida Reforma se transforma en un tubo transparente, en un pulmón de forma cuneiforme por donde pasan las exhalaciones imaginarias de la ciudad, y luego empezamos a caminar por la avenida Guerrero, ellos un poco más despacio que antes, yo un poco más deprisa que antes, la Guerrero, a esa hora, se parece sobre todas las cosas a un cementerio, pero no a un cementerio de 1974, ni a un cementerio de 1968, ni a un cementerio de 1975, sino a un cementerio de 2666, un cementerio olvidado debajo de un párpado muerto o nonato, las acuosidades desapasionadas de un ojo que por querer olvidar algo ha terminado por olvidarlo todo”.

lunes, 21 de diciembre de 2009

USA. Día 10: Nueva York - Empire State y St John the Divine

19 de junio de 2009, viernes.

Nuestro último día en la ciudad de los rascacielos lo aprovechamos para visitar el Empire State y la Catedral de St John the Divine, pasear relajadamente por la Quinta Avenida y disfrutar de las hamacas de Time Square observando a neoyorquinos y turistas.

A primera hora de la mañana cumplimos con una asignatura pendiente: subir hasta la planta 86 del emblemático Empire State y disfrutar relajadamente de Nueva York a vista de pájaro.

El edificio se erigió durante la Gran Depresión, construyéndose en tan sólo 1 año y 45 días. Fue inaugurado el 1 de mayo de 1931, siendo el edificio más alto del mundo hasta la construcción de las Torres Gemelas del World Trade Center en 1972.

El Empire State se proyectó con 86 plantas (320 m), pero luego se le añadió una torre de amarre para zeppelines, dotándolo con 16 nuevas plantas hasta los 381 m de altura. Posteriormente se le ha añadido una antena de radio y televisión, que le suman otros 62 m de altura.

En 1945 un bombardero B-25 chocó contra el piso 79 en medio de una densa niebla. Murieron el piloto y 13 oficinistas.

Tras bajar del Empire paseamos relajadamente por la Quinta Avenida y luego nos dirigimos nuevamente a Time Square, donde nos pasamos un buen rato tirados en las hamacas que hay en la calle, tomando fotografías en blanco y negro a los transeúntes.

Cerca de Time Square comimos un insalubre combo de costillas, alitas y demás colesteroles y tomamos el metro hasta Cathedral Parkway en Morningside Heights para visitar la enigmática St John the Divine.

La que será la catedral más grande del mundo se comenzó a construir en 1892 y sólo se han terminado dos tercios de ella. El interior mide 180m de largo por 45m de ancho. Proyectada originalmente a imitación del estilo románico, le fueron añadidos una nave y una fachada oeste neogóticas. En su construcción se siguen empleando elementos arquitectónicos medievales.

Completar la catedral costará unos 400 millones de dólares. Todavía están sin terminar el transepto sur, la torre del crucero y las 2 torres del ala oeste. Aun cuando se haya reunido el dinero, serán necesarios 50 años para rematar el proyecto.

Sus pórticos están decorados con delicadas esculturas de piedra. Algunas son recreaciones de esculturas religiosas medievales y otras ilustran temas modernos.


Hay quien encuentra mensajes apocalípticos en estos capiteles decorados por el artista local Joe Kinkannon...

Cuando terminamos de ver St John, paseamos un rato por Riverside Park antes de regresar al hotel para recoger nuestro equipaje y tomar un taxi hasta el aeropuerto JFK. A las 21:00 estábamos volando de regreso a Madrid.

martes, 15 de diciembre de 2009

USA. Día 9: Nueva York - Staten Island, SoHo, Little Italy, Chinatown y Harlem


18 de junio de 2009, jueves.


Nuestro penúltimo día en los Estados Unidos amaneció lloviendo, con niebla y con temperaturas muy bajas pese a la proximidad del verano. Aún nos quedaban por ver en Nueva York un montón de cosas fundamentales, algunas de ellas como subir al Empire State o tomar el ferry a Staten Island las habíamos pospuesto días atrás debido al mal tiempo, con la esperanza de encontrar un día despejado en el que poder disfrutar de vistas más amplias. Pero ya no nos quedaba demasiado tiempo. Al día siguiente teníamos que tomar el avión de regreso a Madrid.

Aprovechamos la cercanía de nuestro hotel a Macy's para realizar las últimas compras con la esperanza de que mientras dejara de llover.

Cuando terminamos aún seguía lloviendo pero ya no podíamos perder más tiempo, así que decidimos tomar el metro hasta South Ferry y allí tomar el ferry gratuito que comunica Staten Island con Manhattan.

Durante el trayecto, de unos 25 minutos, dejó de llover y la niebla poco a poco se fue disipando permitiéndonos disfrutar de unas vistas fabulosas de la Estatua de la Libertad, Ellis Island y del Lower Manhattan, que se ofrecía místico e intemporal cercado por negros nubarrones.


Cuando regresamos a Manhattan compramos unos impermeables tipo bolsa de basura con tres agujeros para la cabeza y los brazos, y ya bien pertrechados nos fuimos a caminar primero por el SoHo, acrónimo de South of Houston, por ser el barrio que se encuentra al sur de Houston St.

La formidable arquitectura de hierro colado de sus edificios, en su mayor parte almacenes construidos en el último tercio del s. XIX, atrajo a partir de la década de 1950 a numerosos estudiantes y artistas que buscaban espacios amplios, diáfanos y sobre todo económicos en los que instalarse, dando origen a los famosos lofts. Con el tiempo estos lofts fueron perdiendo esa apariencia bohemia convirtiéndose en lujosos restaurantes, galerías de arte y viviendas de alto nivel y estética retro.

En el número 25 de Mercer St. encontramos el estudio de mi pariente lejano Alejandro Ingelmo
;-p

Continuamos caminando por Mulberry St, la calle principal y casi única de lo que queda de Little Italy, que se ha dejado comer el terreno por Chinatown. De los cerca de 40.000 italianos que habitaban el insalubre Little Italy hoy quedan tan sólo unos 5.000, pero pese a esta disminución de la población italoamericana el barrio mantiene su carácter genuino con colores, olores y sabores que recuerdan a la península de la bota.

En Chinatown viven en la actualidad más de 150.000 chino-americanos. Se trata de la comunidad china más grande fuera de Asia. El barrio está repleto de restaurantes, tiendas de complementos, decomisos y tiendas de baratillo.

Algunos edificios presentan una arquitectura típicamente oriental y la mayoría de los rótulos están escritos con caracteres chinos.

Algunas de las tiendas, especialmente las de moda, tienen de cara a la calle bolsos, cinturones, gafas de marcas chinas; pero cuentan con una trastienda camuflada a la que se accede a través de un falso tabique, de una estantería giratoria o similar, y en la que se comercia con falsificaciones perfectas de las grandes marcas, Gucci, Prada, Armani, Versace, etc. a precios realmente irrisorios. Diana se llevo 3 bolsos por 60$, unos 40€.

Eran más de las cinco de la tarde cuando terminamos de recorrer las calles principales de Chinatown. Estábamos empapados y nos pasamos por el hotel para cambiarnos y descansar un rato antes de tomar el metro hasta otro de los barrios étnicos más atractivos de Nueva York: Harlem.

El rey de Harlem, de "Poeta en Nueva York"

¡Ay, Harlem, disfrazada!
¡Ay, Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza!
Me llega tu rumor,
me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores,
a través de láminas grises
donde flotan tus automóviles cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos y los crímenes diminutos,
a través de tu gran rey desesperado
cuyas barbas llegan al mar.

(Federico García Lorca, 1929-30)



Hacia las 19:00 tomamos el metro hasta Columbia University. La universidad en la que estuvo matriculado Federico García Lorca, entre 1929 y 1930, sería nuestro punto de partida para conocer Harlem.

Llama la atención que entre el profesorado presente y pasado de esta universidad haya 49 premios Nobel. Entre los antiguos alumnos, a parte del mencionado poeta granadino, destacan Isaac Asimov, J. D. Salinger, James Cagney o Joan Rivers.

Caminamos varias manzanas por Amsterdam Avenue hasta cruzar con Martin Luther King Bulevard, que tomamos a la derecha para llegar hasta el mítico Apollo Theatre, en 253 W 125th St.

Abierto en 1913 como teatro de ópera sólo para blancos, paradójicamente habría de convertirse, a partir de los años 30 y 40, en el local de música negra más reputado de Harlem. El jazz, el bop o el swing fueron los ritmos de moda, y celebridades como Billie Holiday, James Brown, Charlie "Bird" Parker, Thelonius Monk y Aretha Franklin, hicieron en el Apollo sus primeros pinitos.

Más tarde, a finales de los años 60, sería un jovencísimo Michael Jackson, de sólo 11 años de edad, quien se convertiría en estrella liderando a los Jackson Five sobre el escenario del Apollo Theatre.

Desde el Apollo fuimos caminando hasta el no menos mítico Cotton Club, donde esperábamos poder cenar y disfrutar de una actuación de jazz. Pero por el camino nos detuvimos en una zapatería, la cual para promocionarse, tenía organizada una auténtica fiesta hip-hop en directo y estaba a reventar de negros. ¿Cómo perderse algo así en pleno corazón de Harlem? Para dentro que nos fuimos los dos blanquitos. Durante media hora nos sentimos realmente integrados en el ambiente del barrio d:]

Y menos mal, porque cuando llegamos al Cotton Club, éste se encontraba cerrado. Aunque como dentro se escuchaba música me decidí a rodear el edificio buscando otra entrada. Encontramos otra puerta, que debía ser de servicio, juntada, pero con un ligero empujón la abrimos. No había público en la sala pero para nuestra sorpresa una enorme negra con una potentísima voz cantaba sobre el escenario, acompañada por una banda de músicos talluditos, y nos hacía señas para que pasáramos y nos sentásemos. Así lo hicimos. Todos los miembros de la banda estaban en chándal, hasta La Estrella -permítaseme la alusión a la protagonista de Ella Cantaba Boleros, pero ciertamente en aquel momento me acordé de Guillermo Cabrera Infante-, que en esta ocasión era la actriz y cantante Sandra Reaves-Phillips. Estaban ensayando y lo cierto es que sonaban como los ángeles. Después de tocar un par de temas Sandra bajó del escenario y se acercó a saludarnos y a entregarnos publicidad de la actuación que estaban preparando. Iban a tocar en público la noche del próximo domingo, pero para entonces nosotros ya estaríamos en Madrid...

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