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lunes, 21 de diciembre de 2009

USA. Día 10: Nueva York - Empire State y St John the Divine

19 de junio de 2009, viernes.

Nuestro último día en la ciudad de los rascacielos lo aprovechamos para visitar el Empire State y la Catedral de St John the Divine, pasear relajadamente por la Quinta Avenida y disfrutar de las hamacas de Time Square observando a neoyorquinos y turistas.

A primera hora de la mañana cumplimos con una asignatura pendiente: subir hasta la planta 86 del emblemático Empire State y disfrutar relajadamente de Nueva York a vista de pájaro.

El edificio se erigió durante la Gran Depresión, construyéndose en tan sólo 1 año y 45 días. Fue inaugurado el 1 de mayo de 1931, siendo el edificio más alto del mundo hasta la construcción de las Torres Gemelas del World Trade Center en 1972.

El Empire State se proyectó con 86 plantas (320 m), pero luego se le añadió una torre de amarre para zeppelines, dotándolo con 16 nuevas plantas hasta los 381 m de altura. Posteriormente se le ha añadido una antena de radio y televisión, que le suman otros 62 m de altura.

En 1945 un bombardero B-25 chocó contra el piso 79 en medio de una densa niebla. Murieron el piloto y 13 oficinistas.

Tras bajar del Empire paseamos relajadamente por la Quinta Avenida y luego nos dirigimos nuevamente a Time Square, donde nos pasamos un buen rato tirados en las hamacas que hay en la calle, tomando fotografías en blanco y negro a los transeúntes.

Cerca de Time Square comimos un insalubre combo de costillas, alitas y demás colesteroles y tomamos el metro hasta Cathedral Parkway en Morningside Heights para visitar la enigmática St John the Divine.

La que será la catedral más grande del mundo se comenzó a construir en 1892 y sólo se han terminado dos tercios de ella. El interior mide 180m de largo por 45m de ancho. Proyectada originalmente a imitación del estilo románico, le fueron añadidos una nave y una fachada oeste neogóticas. En su construcción se siguen empleando elementos arquitectónicos medievales.

Completar la catedral costará unos 400 millones de dólares. Todavía están sin terminar el transepto sur, la torre del crucero y las 2 torres del ala oeste. Aun cuando se haya reunido el dinero, serán necesarios 50 años para rematar el proyecto.

Sus pórticos están decorados con delicadas esculturas de piedra. Algunas son recreaciones de esculturas religiosas medievales y otras ilustran temas modernos.


Hay quien encuentra mensajes apocalípticos en estos capiteles decorados por el artista local Joe Kinkannon...

Cuando terminamos de ver St John, paseamos un rato por Riverside Park antes de regresar al hotel para recoger nuestro equipaje y tomar un taxi hasta el aeropuerto JFK. A las 21:00 estábamos volando de regreso a Madrid.

martes, 15 de diciembre de 2009

USA. Día 9: Nueva York - Staten Island, SoHo, Little Italy, Chinatown y Harlem


18 de junio de 2009, jueves.


Nuestro penúltimo día en los Estados Unidos amaneció lloviendo, con niebla y con temperaturas muy bajas pese a la proximidad del verano. Aún nos quedaban por ver en Nueva York un montón de cosas fundamentales, algunas de ellas como subir al Empire State o tomar el ferry a Staten Island las habíamos pospuesto días atrás debido al mal tiempo, con la esperanza de encontrar un día despejado en el que poder disfrutar de vistas más amplias. Pero ya no nos quedaba demasiado tiempo. Al día siguiente teníamos que tomar el avión de regreso a Madrid.

Aprovechamos la cercanía de nuestro hotel a Macy's para realizar las últimas compras con la esperanza de que mientras dejara de llover.

Cuando terminamos aún seguía lloviendo pero ya no podíamos perder más tiempo, así que decidimos tomar el metro hasta South Ferry y allí tomar el ferry gratuito que comunica Staten Island con Manhattan.

Durante el trayecto, de unos 25 minutos, dejó de llover y la niebla poco a poco se fue disipando permitiéndonos disfrutar de unas vistas fabulosas de la Estatua de la Libertad, Ellis Island y del Lower Manhattan, que se ofrecía místico e intemporal cercado por negros nubarrones.


Cuando regresamos a Manhattan compramos unos impermeables tipo bolsa de basura con tres agujeros para la cabeza y los brazos, y ya bien pertrechados nos fuimos a caminar primero por el SoHo, acrónimo de South of Houston, por ser el barrio que se encuentra al sur de Houston St.

La formidable arquitectura de hierro colado de sus edificios, en su mayor parte almacenes construidos en el último tercio del s. XIX, atrajo a partir de la década de 1950 a numerosos estudiantes y artistas que buscaban espacios amplios, diáfanos y sobre todo económicos en los que instalarse, dando origen a los famosos lofts. Con el tiempo estos lofts fueron perdiendo esa apariencia bohemia convirtiéndose en lujosos restaurantes, galerías de arte y viviendas de alto nivel y estética retro.

En el número 25 de Mercer St. encontramos el estudio de mi pariente lejano Alejandro Ingelmo
;-p

Continuamos caminando por Mulberry St, la calle principal y casi única de lo que queda de Little Italy, que se ha dejado comer el terreno por Chinatown. De los cerca de 40.000 italianos que habitaban el insalubre Little Italy hoy quedan tan sólo unos 5.000, pero pese a esta disminución de la población italoamericana el barrio mantiene su carácter genuino con colores, olores y sabores que recuerdan a la península de la bota.

En Chinatown viven en la actualidad más de 150.000 chino-americanos. Se trata de la comunidad china más grande fuera de Asia. El barrio está repleto de restaurantes, tiendas de complementos, decomisos y tiendas de baratillo.

Algunos edificios presentan una arquitectura típicamente oriental y la mayoría de los rótulos están escritos con caracteres chinos.

Algunas de las tiendas, especialmente las de moda, tienen de cara a la calle bolsos, cinturones, gafas de marcas chinas; pero cuentan con una trastienda camuflada a la que se accede a través de un falso tabique, de una estantería giratoria o similar, y en la que se comercia con falsificaciones perfectas de las grandes marcas, Gucci, Prada, Armani, Versace, etc. a precios realmente irrisorios. Diana se llevo 3 bolsos por 60$, unos 40€.

Eran más de las cinco de la tarde cuando terminamos de recorrer las calles principales de Chinatown. Estábamos empapados y nos pasamos por el hotel para cambiarnos y descansar un rato antes de tomar el metro hasta otro de los barrios étnicos más atractivos de Nueva York: Harlem.

El rey de Harlem, de "Poeta en Nueva York"

¡Ay, Harlem, disfrazada!
¡Ay, Harlem, amenazada por un gentío de trajes sin cabeza!
Me llega tu rumor,
me llega tu rumor atravesando troncos y ascensores,
a través de láminas grises
donde flotan tus automóviles cubiertos de dientes,
a través de los caballos muertos y los crímenes diminutos,
a través de tu gran rey desesperado
cuyas barbas llegan al mar.

(Federico García Lorca, 1929-30)



Hacia las 19:00 tomamos el metro hasta Columbia University. La universidad en la que estuvo matriculado Federico García Lorca, entre 1929 y 1930, sería nuestro punto de partida para conocer Harlem.

Llama la atención que entre el profesorado presente y pasado de esta universidad haya 49 premios Nobel. Entre los antiguos alumnos, a parte del mencionado poeta granadino, destacan Isaac Asimov, J. D. Salinger, James Cagney o Joan Rivers.

Caminamos varias manzanas por Amsterdam Avenue hasta cruzar con Martin Luther King Bulevard, que tomamos a la derecha para llegar hasta el mítico Apollo Theatre, en 253 W 125th St.

Abierto en 1913 como teatro de ópera sólo para blancos, paradójicamente habría de convertirse, a partir de los años 30 y 40, en el local de música negra más reputado de Harlem. El jazz, el bop o el swing fueron los ritmos de moda, y celebridades como Billie Holiday, James Brown, Charlie "Bird" Parker, Thelonius Monk y Aretha Franklin, hicieron en el Apollo sus primeros pinitos.

Más tarde, a finales de los años 60, sería un jovencísimo Michael Jackson, de sólo 11 años de edad, quien se convertiría en estrella liderando a los Jackson Five sobre el escenario del Apollo Theatre.

Desde el Apollo fuimos caminando hasta el no menos mítico Cotton Club, donde esperábamos poder cenar y disfrutar de una actuación de jazz. Pero por el camino nos detuvimos en una zapatería, la cual para promocionarse, tenía organizada una auténtica fiesta hip-hop en directo y estaba a reventar de negros. ¿Cómo perderse algo así en pleno corazón de Harlem? Para dentro que nos fuimos los dos blanquitos. Durante media hora nos sentimos realmente integrados en el ambiente del barrio d:]

Y menos mal, porque cuando llegamos al Cotton Club, éste se encontraba cerrado. Aunque como dentro se escuchaba música me decidí a rodear el edificio buscando otra entrada. Encontramos otra puerta, que debía ser de servicio, juntada, pero con un ligero empujón la abrimos. No había público en la sala pero para nuestra sorpresa una enorme negra con una potentísima voz cantaba sobre el escenario, acompañada por una banda de músicos talluditos, y nos hacía señas para que pasáramos y nos sentásemos. Así lo hicimos. Todos los miembros de la banda estaban en chándal, hasta La Estrella -permítaseme la alusión a la protagonista de Ella Cantaba Boleros, pero ciertamente en aquel momento me acordé de Guillermo Cabrera Infante-, que en esta ocasión era la actriz y cantante Sandra Reaves-Phillips. Estaban ensayando y lo cierto es que sonaban como los ángeles. Después de tocar un par de temas Sandra bajó del escenario y se acercó a saludarnos y a entregarnos publicidad de la actuación que estaban preparando. Iban a tocar en público la noche del próximo domingo, pero para entonces nosotros ya estaríamos en Madrid...

jueves, 26 de noviembre de 2009

USA. Día 8: Nueva York - Central Park y Booklyn Bridge


17 de junio de 2009, miércoles.


Abandonamos nuestro motel a las afueras de Lancaster hacia las 8:30 am con destino a Nueva York. A lo largo de la Ruta 30, camino de Philadelphia, nos cruzamos con varios amish en sus buggies que imagino irían a sus lugares de trabajo.

En poco más de dos horas y media nos plantamos en Manhattan (ver mapa de ruta) y a pesar de que el gps perdió la cobertura al meternos debajo de los rascacielos, no nos fue difícil orientarnos por sus avenidas y calles de geometría cartesiana. Entregamos el coche en las oficinas de Alamo y caminamos un par de manzanas hasta nuestro nuevo hotel, el Confort Inn Manhattan, situado excelentemente, a los pies del Empire State, en 35th st, en el cruce de 6th ave. con Broadway, junto a Macy's.



Dejamos nuestros bártulos en la acogedora habitación, de nuevo con cama de 2 x 2, y tomamos el metro hasta Columbus Circle, donde unos chicos dominicanos nos alquilaron un par de bicicletas con las que recorrimos de punta a punta Central Park.


Central Park, situado justo en el centro de Manhattan, ocupa una extensión de 341 Ha. Fue construido entre 1858 y 1873 sobre unos terrenos pantanosos con el fin de dotar a la populosa ciudad de un área de expansión y de recreo, siguiendo el ejemplo de ciudades europeas como París o Londres.


El parque cuenta con enormes extensiones de césped, arboledas, áreas deportivas y lagos artificiales; el más grande, situado en la parte central, es conocido desde 1994 como Jacqueline Kennedy Onassis Reservoir. Repartidos por cada rincón del parque también pueden encontrarse varios monumentos: una hermosa escultura de bronce del célebre cuentista Hans Christian Andersen; otra de Alicia en el país de las maravillas, acompañada por el gato Cheshire, el Sombrerero Loco y el lirón; e incluso un auténtico castillo de estilo victoriano, el Belvedere Castle.


Junto a Central Park, en west 72 st, se encuentra el edificio Dakota. Un bloque de apartamentos construido entre 1880 y 1884 y cuya ornamentación refleja una fuerte influencia francesa. En este edificio han residido numerosos personajes célebres, pero quizás el más conocido sea John Lennon, asesinado a sus puertas el 8 de diciembre de 1980.

Al sur del parque, donde termina la Avenida de las Américas, se encuentran varias esculturas de libertadores americanos, como San Martín, Simón Bolívar o José Martí.

Devolvimos las bicicletas en Columbus Circle, comimos algo por allí y tomamos el metro hasta 86 st. para ver el museo Guggenheim, diseñado por el célebre arquitecto de la Casa de la cascada Frank Lloyd Wright y construido en 1956. El acceso a la exposición nos pareció excesivamente caro, por lo que decidimos no entrar; además el edificio en sí mismo ya es una obra de arte y la famosa rampa helicoidal puede verse gratuitamente desde el lobby del museo.

Tras descansar un rato en el hotel, al atardecer fuimos hasta el Puente de Brooklyn y lo cruzamos caminando. Yo ya había cruzado sus casi 2 km de largo la semana anterior -solo, porque Diana aquella noche se encontraba muy cansada- pero en cualquier caso no tenía inconveniente de cruzar otras mil veces lo que sin duda es la edificación más fotogénica de Nueva York.

La construcción del Puente de Brooklyn comenzó el 3 de enero de 1870 y se terminó 13 años después, convirtiéndose en el primer puente del mundo suspendido mediante cables de acero. Sus torres de estilo neogótico, con arcos apuntados, pronto se convertirían en uno de los símbolos más emblemáticos de Nueva York, apareciendo en multitud de películas y series de televisión a lo largo de todo el siglo XX y lo que va del siglo XXI.

En 2003 a punto estuvieron de convertirse en realidad algunas de las escenas más catastrofistas rodadas en este puente, cuando un hombre llamado Lyman Faris fue condenado a 20 años de cárcel por suministrar información a Al-Qaeda con el fin de hacer caer el puente cortando sus cables.

En la actualidad el puente cuenta con seis carriles para vehículos y con una pasarela superior para peatones y bicicletas.

Al llegar a la orilla de Brooklyn, muchos turistas se dirigen al River Café para disfrutar de unas estupendas vistas del skyline de Manhattan mientras cenan o toman una copa.

domingo, 27 de septiembre de 2009

USA. Día 7: Los amish de Pennsylvania Dutch Country


16 de junio de 2009, martes.



A pesar de que el motel no era muy confortable y que por el mismo precio seguramente pueden encontrarse alojamientos mejores por la zona, lo cierto es que estábamos tan cansados que dormimos de un tirón hasta las nueve de la mañana.

Cuando bajamos a desayunar, en la recepción había un joven de rasgos hindúes o pakistaníes, muy amable, que cuando me vio sacar fotos de casi todo como un japo, quiso contarme la historia del antiguo caserón, en donde se encuentran la recepción del motel y el comedor, e incluso me enseñó algunas dependencias que conservan parte de su decoración original y que se encuentran cerradas a la clientela.

Este motel de la cadena Rodeway Inn, situado al sureste de Lancaster, al parecer había sido hasta hace no muchos años la casa de una familia amish, que había vivido aquí cuidando de sus animales y de su huerto, ahora convertido en área de aparcamiento.

Cuando terminamos de desayunar cogimos el coche y nos fuimos a recorrer las carreteras secundarias de esta región conocida como Pennsylvania Dutch Country con el fin de aprender algo más sobre el estilo de vida de las familias amish.

La región de Pennsylvania Dutch Country abarca un territorio de unos 30 km de largo por 25 km de ancho, al este de Lancaster. Esta zona es habitada por comunidades religiosas anabaptistas como los amish y los mennonitas. Estas comunidades cristianas protestantes, perseguidas en sus países de origen, principalmente Suiza y Alemania, se instalaron a principios del siglo XVIII en el estado fundado por el cuáquero William Penn, que promulgaba la libertad religiosa. Al hablar dialectos alemanes, se les acabó conociendo con el sobrenombre "dutch", por derivación del vocablo "deutsch". De hecho, hoy en día, las comunidades amish siguen hablando un dialecto alemán conocido como "deitsch", y en la región existen multitud de poblaciones con nombres centroeuropeos como Strasburg o Soudersburg y otras con nombres tan curiosos como Paradise, Bird in Hand o Ephrata.

La mayoría de las familias amish viven en bucólicas granjas diseminadas por toda la región. Mantienen una forma de vida extremadamente austera, similar a la mantenida por sus antepasados en el siglo XVIII, tratando de mantenerse alejados de las influencias del mundo moderno. Valoran en gran medida la autosuficiencia del grupo y en general reniegan de todo aquello que pueda hacerles dependientes o derivar en la vanidad personal, como la televisión, la fotografía, el automóvil o incluso la electricidad. Es cuanto menos curioso que, en el país tecnológicamente más avanzado del mundo, los amish sigan trabajando la tierra de forma tradicional, sin usar maquinaria moderna, con aperos tirados por animales, y usando como medio de transporte carretas o buggies tirados por caballos. Estudian hasta los 14 años en sus escuelas y no realizan estudios universitarios. Trabajan mayoritariamente en el campo y en la construcción, siendo excelentes carpinteros. Además, pagan sus impuestos como cualquier ciudadano, pero sin embargo no aceptan las ayudas sociales, económicas o sanitarias del gobierno y ni siquiera hacen uso de sus escuelas.

Su aspecto físico y su vestimenta son otro de sus rasgos distintivos. Las mujeres llevan vestidos largos muy sencillos y generalmente cubren su cabello, recogido en un moño, con una cofia, blanca si están casadas y negra si están solteras. Los hombres visten pantalones oscuros con tirantes, camisas generalmente blancas y sombreros de ala ancha, generalmente de paja. Después de casarse pueden dejar crecer su barba, pero no el bigote, ya que lo consideran un símbolo del ejército y son pacifistas. Algo parecido pasa con los botones en algunas comunidades amish, teniéndolos prohibidos en sus ropas por considerarlos igualmente un referente del ejército.

Irónicamente, los amish se han convertido en una atracción turística, que atrae especialmente al turismo interior, haciendo que proliferen en la zona los centros comerciales, las cadenas de restaurantes, los alojamientos hoteleros y museos tan conocidos como el "The Amish Village". A pesar de ello, los amish "de verdad" hasta el momento parecen permanecer ajenos a este desarrollo y todavía no les ha dado por montar tenderetes con sus productos y artesanías, convirtiéndose, como ocurre con otras minorías por todo el mundo, en personajes de circo...

Bien es cierto que las tiendas o tenderetes de souvenirs también están proliferando en el Pennsylvania Dutch Country, pero éstas son regentadas y trabajadas por ciudadanos "modernos" disfrazados de amish.

Por la tarde nos acercamos a Columbia, pues nos hacía ilusión ver el río Susquehanna, tan sólo por que nos gustaba su nombre. Este río es uno de los más largos de la costa Este, atraviesa el estado de Pennsylvania de norte a sur y curiosamente contrasta su enorme anchura, de casi una milla en esta zona, donde delimita los condados de York y de Lancaster, con su escasa profundidad.

Quisimos continuar hasta York para visitar una fábrica-museo de Harley-Davidson (1425 Eden Road, York, PA), pero leyendo un folleto turístico vimos que ésta sólo realizaba tours por las mañanas de 9 a 14; así que decidimos aprovechar lo que quedaba de tarde comprando ropa en los Outlets cercanos al motel. Estuvimos en uno llamado Tanger, que tenía tiendas de las principales marcas a precios inferiores que las rebajas del Zara: CK, DKNY, Dockers, Levis, Ralph Lauren, Tommy Hilfiger, etc...

lunes, 21 de septiembre de 2009

USA. Día 6: Gettysburg



15 de junio de 2009, lunes.


Tras visitar la Casa de la Cascada proseguimos nuestro camino hacia el Este. Teníamos reservada una habitación en un motel cerca de Lancaster. Así que por delante nos quedaban unas 230 millas que pensábamos recorrer con mucha calma. Deteniéndonos a fotografiar todos aquellos lugares pintorescos que encontráramos por el camino hasta llegar a Gettysburg, donde pensábamos realizar una parada algo más larga para recorrer los escenarios de la que fue quizás la batalla más importante de la Guerra de Secesión.




La primera parada la realizamos, poco después de comenzar nuestro trayecto, en Ohiopyle, con el fin de tomar algunas fotografías del río Youghiogheny. Ohiopyle es una diminuta población de no más de 40 casas, pero que al parecer es muy frecuentada los fines de semana y en época estival por turistas amantes de los deportes de aventura; de hecho pudimos ver varias tiendas donde vendían y alquilaban piraguas, canoas, kayaks, etc.

Continuamos unas pocas millas por la carretera 381 en dirección Suroeste hasta llegar a la histórica ruta 40, más conocida como National Road u Old National Trail, por ser la primera vía de importancia abierta por los Estados Unidos hacia el mítico Oeste. Fue construida entre 1811 y 1818 entre las ciudades de Cumberland (Maryland) y Wheeling (Virginia), con el fin de comunicar las rutas fluviales del Potomac y del Ohio, atravesando gran parte del estado de Pennsylvania. Posteriormente esta vía se siguió ampliando hacia el Oeste, hasta alcanzar la ciudad de Vandalia (Illinois) en 1839.

Nosotros la tomamos en dirección Este y tras pasar varias zonas boscosas y pueblos diminutos, con casitas que uno tan sólo está acostumbrado a ver en las películas, decidimos detenernos a comer en una pequeña población del norte de Maryland llamada Grantsville.

Y, casualmente, ¡encontramos el sitio perfecto!

The Casselman Inn, un antiguo caserón construido en 1824, que sirvió de hotel a las diligencias, carromatos y jinetes que se aventuraban a cruzar los Apalaches por la Old National Trail.

Esta bulliciosa ruta, a comienzos del siglo XIX, trajo además hasta esta zona del valle del río Casselman a familias amish-menonitas, procedentes principalmente de Alemania y Suiza. En 1964 los descendientes de una de estas familias amish adquirieron el viejo caserón, lo reformaron y en la actualidad siguen ofreciendo alojamiento y comida tradicional a precios económicos.

Nosotros aprovechamos para comer sano: pescado, ensalada y de postre un dutch apple pie y un blackberry pie, que fueron lo mejor de todo el viaje.

Con el estomago lleno continuamos nuestro viaje hasta Gettysburg, donde llegamos hacia las seis de la tarde.

En esta región de Pennsylvania, eminentemente agrícola, perdieron la vida en 3 días más de 52.000 soldados, más que en cualquier otra batalla librada antes o después en América del Norte.

Las casas de ladrillo rojo aún conservan aires del siglo XIX y pasear por sus calles despiertan en uno vívidas visiones del pasado.

En el Centro de Información Turística nos dieron un folleto en castellano con los hechos históricos que ocurrieron entre el 1 y el 3 de julio de 1863 y un mapa del Auto Tour Route, un itinerario de unas 24 millas y unas 3 horas de duración, para realizar en coche, que se compone de 16 paradas ordenadas cronológicamente siguiendo el desarrollo de la batalla más importante de la Guerra Civil. En estas paradas existen monumentos y carteles que describen los acontecimientos importantes del combate.

Regresamos al coche y recorrimos, he de reconocer que un poco a nuestro aire, el Campo de Batalla de Gettysburg, cruzando frondosas arboledas, bordeando cercas y ascendiendo a cerros y colinas en los que aún reverberan los sentimientos encontrados del Norte y del Sur.

En la primavera de 1863, el General Robert E. Lee reorganizó el ejército de Virginia del Norte en tres cuerpos de infantería y comenzó a marchar hacia el Oeste partiendo de Fredericksburg, a través de los pasos de la cadena de montañas Blue Ridge y luego hacia el Norte entrando en Maryland y Pennsylvania. Por segunda vez en menos de un año, Lee llevaba la guerra a suelo norteño. Su primera invasión había sido repelida en la batalla de Antietam.

El Presidente Lincoln, al enterarse de que el ejército de Lee estaba avanzando nuevamente, ordenó al Ejército del Potomac que lo siguiera. Lee no pudo conocer la posición exacta del enemigo, porque su propia caballería había partido en una incursión temeraria alrededor del Ejército de la Unión. Las columnas de avanzada de las tropas de la Confederación ya se encontraban en Carlisle y York cuando Lee se enteró de que toda la fuerza del General del Ejército del Potomac, George G. Meade, se hayaba en las proximidades. Quiso la casualidad que ambos ejércitos se enfrentaran en Gettysburg cuando una brigada confederada, que fuera enviada al lugar en busca de provisiones, observó a una columna de avanzada de la caballería del General Meade.

Al día siguiente, 1 de julio, comenzó la gran batalla. 83.000 soldados del Norte, al mando del General Meade, contra 75.000 del Sur organizados por el General Lee.

Los dos primeros días hubo más bajas del lado de la Unión, pero el 3 de julio se produjo un duelo de artillería entre los 230 cañones de ambos bandos, y los confederados lanzaron un ataque temerario con 14.000 soldados avanzando campo a través entre el fuego cruzado de la artillería, pereciendo miles de hombres del Sur en el intento.

El General Lee tuvo que retirarse con un ejército seriamente mermado. Uno de cada tres soldados perdieron la vida en los campos de Gettysburg, suponiendo esta batalla el punto de inflexión de la Guerra Civil a favor de la Unión.


Tras este largo paseo por los campos de Gettysburg, ya de noche, regresamos al pueblo para cenar, y seguidamente nos pusimos en marcha hacia el motel Rodeway Inn Italian Villa, al Este de Lancaster, en la región de los amish conocida como Dutch Country. Allí pasaríamos dos noches antes de regresar a Nueva York.

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