martes, 2 de junio de 2009

En el camino (On the Road) - Jack Kerouac



El mito dice que Jack Kerouac escribió On the Road en una larga noche de 1951 mientras escuchaba jazz, y lo cierto es que la música impregna todo el relato de la novela como la banda sonora de una película. Su estilo narrativo, desordenado, a veces inconexo, como improvisado, pero con una gran expresividad, recuerda al bop que sonaba en los clubs estadounidenses de la época. Un estilo sincopado inimitable, que le dio a su autor el titulo de "heredero de Charlie Parker".

On the Road es un relato autobiográfico que nace de las experiencias bohemias de su autor, de su actitud vital, alternativa y crítica hacia la vida moderna. Publicada en 1957, seis años después de que fuera escrita, narra los viajes enloquecidos de Sal Paradise con Dean Moriarty, un alma libre, un vagabundo, un ser desarraigado que trata de inventar, pese a quién pese, su propio estilo de vida. La temática recuerda mucho al Trópico de Cáncer de Henry Miller, al cual Kerouac consideraba abiertamente su auténtico maestro.

Nueva York, Chicago, Denver, San Francisco, Los Ángeles, Nueva Orleans y Mexico DF, son algunos de los escenarios que ambientan esta aventura, cuyos protagonistas, en la realidad como en el libro, son los propios miembros de la Beat Generation: el propio Kerouac (Sal Paradise) acompañado de sus amigos Neal Cassady (Dean Moriarty), Allen Ginsberg (Carlo Marx) y William Burroughs (Old Bull Lee).


George Shearing, el gran pianista de jazz era, según Dean, exactamente igual que Rollo Greb. Durante el loco fin de semana, Dean y yo fuimos al Birdland a ver a Shearing. El local estaba desierto, éramos los primeros clientes. A las diez apareció Shearing, que es ciego, y se lo llevaron de la mano hasta el piano. Era un inglés de aspecto distinguido, con cuello duro, ligeramente grueso, rubio, con un delicado aire de noche-inglesa-de-verano que se hizo patente con los primeros suaves escarceos que tocó en el piano mientras el bajista se inclinaba con respeto hacia él y marcaba el ritmo. El baterista, Denzil Best, estaba sentado inmóvil exceptuadas las muñecas, que movían las escobillas. Y Shearing empezó a balancearse; una sonrisa recorrió su rostro extasiado; comenzó a balancearse en el taburete del piano, hacia adelante y hacia atrás, al principio con lentitud, luego de acuerdo con el ritmo, cada vez más deprisa, mientras su pie izquierdo golpeaba el suelo marcando el compás, su cuello se balanceaba retorciéndose, bajaba el rostro hasta las teclas, se echaba el pelo hacia atrás; se despeinó y empezó a sudar. La música se hacía más potente. El bajista se encorvó y tocaba cada vez más fuerte, y cada vez más deprisa; eso era todo. Shearing empezó a tocar su solo; los acordes salían del piano como grandes chubascos, y se pensaba que el tipo no tendría tiempo de ordenarlos. Se agitaban como el mar. La gente le gritaba:

- ¡Sigue! ¡Sigue!

Dean sudaba; el sudor fluía de su cuello.

- ¡Ya está! ¡Eso es! ¡Es Dios! ¡El Dios Shearing! ¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!

Y Shearing era consciente del loco que tenía detrás, oía cada uno de los gritos de Dean, cada una de sus imprecaciones, se daba cuenta de todo ello aunque no pudiera verlo.

-¡Eso es! ¡Perfecto! -decía Dean- ¡Sí! ¡Sí!

Shearing sonreía, se balanceaba. Se levantó y se alejó del piano empapado de sudor; era su gran época de 1949 antes de hacerse frío y comercial. Cuando se marchó, Dean señaló el bacío taburete.

- El taburete vacío de Dios -dijo.

Sobre el piano había una trompeta; su sombra dorada producía un reflejo extraño sobre la caravana del desierto pintada en la pared detrás de la batería. Dios se había ido; era el silencio de su partida. Era una noche lluviosa. Era el mito de la noche lluviosa. Dean abrió los ojos con miedo. Esta locura no podía llevar a ninguna parte. No sabía lo que me estaba pasando, y de pronto me di cuenta de que solo se trataba de la tila, de la marijuana, que habíamos estado fumando; Dean la había traído a Nueva York. Eso me hizo pensar que podía suceder cualquier cosa... Era el momento en que uno lo sabe todo y todo queda decidido para siempre.

On the Road.- Jack Kerouac

1 comentarios:

john table dijo...

grande miller!!!!!!

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