lunes, 1 de noviembre de 2010

Sanatorio de tuberculosos de la Marina



Hace algunas semanas una compañera de trabajo me propuso visitar un hospital militar abandonado. Tenía que hacer un proyecto fin de máster y había decido estudiar la hipotética rehabilitación del Sanatorio de Marina, situado muy cerca de su casa, en las faldas de la Sierra de Guadarrama.




El martes, 12 de octubre, hacia las once de la mañana, mi compañera, su marido, su hermano, una chica italiana y yo, nos adentrábamos en el recinto provistos de cuaderno, lapiceros, metro y cámara de fotos.

Desde aquí he de reconocer que yo colaboré más bien poco en la toma de medidas y datos del edificio, entusiasmado como estaba sacando fotografías como un japo.







El Sanatorio de Marina se construyó, al parecer, por el Servicio Militar de Construcciones a principios de los cuarenta, recién terminada la Guerra Civil. Fue primero un sanatorio militar para tuberculosos, siguiendo la tendencia de numerosas clínicas que en aquellos años se construyeron en esta zona, debido a las bondades que ofrecía el aire de la sierra de Madrid para el tratamiento de la tuberculosis. Posteriormente, con la erradicación de la enfermedad, se convirtió en clínica neumológica, usándose como geriátrico en sus últimos años, hasta su cierre y abandono en 2002.







El complejo hospitalario se compone de varias edificaciones. Nosotros pudimos visitar el edificio principal, el de oficiales, la casa del director y otra edificación, de una sola planta, que debió tener uso administrativo y que actualmente se encuentra parcialmente quemada.



El edificio principal dispone de cinco plantas sobre rasante, planta bajo cubierta y un sótano. Debía de contar aproximadamente con entre 70 y 80 habitaciones. En su interior aún es fácil reconocer el área de quirófanos, de radioterapia, el laboratorio, la cafetería, el mortuorio, la farmacia, la sala de calderas o la capilla. El edificio de oficiales, de tamaño mucho menor, contaba con habitaciones más amplias y confortables.





No es difícil encontrar en internet multitud de videos e historias para no dormir sobre el Sanatorio de Marina. Nosotros, en las más de tres horas que dedicamos a recorrerlo, no presentimos nada paranormal. Eso sí, a lo largo de la mañana, pudimos ver a varios grupos de chavales que, como nosotros, habían venido de excursión al sanatorio abandonado. Alguno hasta se traía el bocadillo. Quizás los fantasmas, si alguna vez los hubo, hayan decidido retirarse a un lugar más tranquilo...



1 comentarios:

María dijo...

Por tus fotografías, el lugar debió ser precioso a pesar de su significado.
Como siempre, rus textos están llenos de información y seriedad.
Es un placer leerte

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