lunes, 22 de octubre de 2007

Italia. Día 10: Venecia


17 de julio de 2007, martes.


Hacia la una del mediodía llegamos a la estación veneciana de Santa Lucía, tras algo más de tres horas de trayecto desde Florencia. Dejamos nuestra maleta en consigna y comimos en un self-service que había en la misma estación. La comida estaba algo reseca e insípida, pero al menos era bastante económica.

Al salir de la estación nos encontramos de morros con el Gran Canal, cuyas aguas tenían un encendido color azul turquesa, aún más acentuado por la blancura de algunos edificios que con majestuosidad emergen desde la profundidades. Por todas partes olía a mar y la sensación de humedad era enorme. Multitud de góndolas y otras variopintas embarcaciones surcaban el canal armoniosamente haciendo de Venecia una ciudad maravillosa, una ciudad que nos parecía más pictórica que real. Era como si al salir de la estación hubiésemos entrado en otra dimensión. Era como si hubiésemos entrado en uno de esos cuadros de Canaletto.

Pero tanta artificiosidad acaba decepcionando y después de caminar durante un rato por sus calles, fondamentas y campos uno acaba por darse cuenta de que en realidad no se encuentra paseando en un cuadro de Canaletto si no en un parque temático. Un parque temático donde la escenografía y los actores representan a la Venecia de siglos anteriores con el fin de entretener a los visitantes y hacer un buen negocio. Ingelmo, ¡bienvenido al mundo real!




Cerca de la estación de Santa Lucia tomamos el vaporetto nº 1, que tras un paseo de unos treinta minutos por el Gran Canal nos dejó cerca de la Plaza de San Marcos. Decidimos no visitar esta plaza por el momento, ya que, por ser uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad, preferíamos verla al día siguiente con nuestra amiga Yunia. Así que nos dirigimos hasta la elegante ópera La Fenice, atravesando un auténtico laberinto de calles, puentes y callejas repletas de tiendas con acuarelas de la ciudad, máscaras de carnaval y otros souvenirs.

Cerca de La Fenice tomamos un traghetto hasta la Chiesa di Santa Maria della Salute. Explicaros que un traghetto es una especie de góndola mucho más económica -unos 50 céntimos por trayecto contra los 100 euros que cuesta el paseo en gondolita- que sirve para comunicar las dos orillas del Gran Canal en aquellas zonas que quedan alejadas de los tres únicos puentes que lo cruzan: Scalzi, Rialto y el puente de la Accademia. (Un cuarto puente, el de Calatrava, se inauguró el pasado mes de agosto después de 11 años de proyecto y de polémicas. Se presupuestó en 3 millones de euros y se calcula que finalmente ha salido por unos 12 millones).

Después de visitar Santa Maria della Salute fuimos caminando hasta la Gallerie dell'Accademia, de visita imprescindible, pues alberga una importante colección que repasa la evolución del arte veneciano desde el s. XIV al XVIII, con obras tan relevantes como Crucifixión y apoteosis de los 10.000 mártires del monte Ararat de Carpaccio, el San Jorge de Andrea Mantegna, La tempestad de Giorgione, trabajos de Tintoretto y Tiziano y la Cena en casa del fariseo del Veronés. Este último cuadro, llamado originariamente La Última Cena, tuvo que cambiar de nombre debido a que a la Inquisición le disgustaba que en él se retratara a ciertos personajes, como borrachos y enanos.

Después de la Accademia fuimos hasta la Scuola Grande di San Rocco y hasta la enorme Chiesa di Santa Maria Gloriosa dei Frari, uno de los monumentos más destacados de Venecia. Fue construida para los franciscanos en los ss. XIV y XV y que Tiziano se encuentre enterrado allí constituye su principal reclamo. Sobre el altar mayor, su espectacular Asunción (1518), lo confirmó como uno de los mejores artistas de la ciudad.

Hacia las seis de la tarde regresamos en vaporetto a la estación de Santa Lucía, recogimos nuestro equipaje en la consigna y tomamos un tren a Vicenza. En la estación de Vicenza nos esperaban Yunia y Paolo para llevarnos hasta su casa, un precioso chalet a las afueras, rodeado de maizales. Al llegar allí Yunia preparó unos deliciosos tortellini y ensalada como para un regimiento. Estuvimos conversando largo rato sobre la situación política de Cuba, los amigos de Viñales y la música cubana. Yo había conocido a Yunia en Viñales dos años atrás y desde entonces no nos habíamos vuelto a ver, pero la verdad es que me sentía muy cómodo. Parecía como si desde entonces hubiésemos mantenido contacto a diario. ¡Fue genial!

3 comentarios:

alyohara dijo...

pues esas aventuras son las que hacen la vida especial, muy chula tu experiencia....
besos mil desde mis luces...

Jordi Gras dijo...

buenos días

Me podrias explicar como esta el tema de la consigna en la estacion de trenes, es que me voy el viernes y quiero saber donde puedo dejar las maletas el domingo hasta la noche que tomo el vuelo de vuelta

ingelmo dijo...

Jordi,

dentro de la misma estación de trenes de Santa Lucia existe un servicio de consigna y no es muy caro. Se paga por horas y el precio no lo recuerdo, pero viene a ser como un euro o poco más la hora.

Acércate por la estación que no te resultará difícil encontrarlo.

Qué lo pases bien!

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