miércoles, 1 de agosto de 2007

Italia. Día 2: Pompeya

9 de julio de 2007, lunes.

Cuando nos levantamos por la mañana la alergia de Diana había remitido bastante. Preparamos una mochila con lo que íbamos a necesitar para la excursión a Pompeya y al Vesubio y salimos del hotel camino de la Circumvesuviana, una vieja estación de trenes de cercanías ubicada junto a la Estación Central. Pero antes nos detuvimos a desayunar en una diminuta cafetería junto a la Plaza Garibaldi, donde nos atendieron muy amablemente, incluso haciendo algún chiste al ver que eramos españolitos y que no eramos capaces de hacernos entender ni para pedir un café con leche.

Luego corrimos hasta la estación esquivando como podíamos a los automóviles y motocicletas que de forma alocada circulaban en todas direcciones. Allí tomamos un viejo tren pintarrajeado que en poco más de treinta minutos nos dejó en Pompei Scavi-Villa dei Misteri, junto a la Porta Marina, por donde se accede a la ciudad que fue víctima de la erupción volcánica más famosa del mundo, acontecida el 79 a.C.

Uno de los relatos más conmovedores de esta erupción es el de la carta que escribe Plinio el Joven al historiador Tácito, contándole como murió su tío, Plinio el Viejo:


"[...] El 24 de agosto, como a la séptima hora, mi madre le hace notar que ha aparecido en el cielo una nube extraña por su aspecto y tamaño. Él había tomado su acostumbrado baño de sol, había tomado luego un baño de agua fría, había comido algo tumbado y en aquellos momentos estaba estudiando; pide el calzado, sube a un lugar desde el que podía contemplarse mejor aquel prodigio. La nube surgía sin que los que miraban desde lejos pudieran averiguar con seguridad desde qué monte (luego se supo que había sido el Vesubio), mostrando un aspecto y una forma que recordaba más a un pino que a ningún otro árbol. Pues tras alzarse a gran altura como si fuese el tronco de un árbol larguísimo, se abría como en ramas; [...] En numerosos puntos en las laderas del Vesubio podían verse enormes incendios y altísimas columnas de fuego, cuyo brillo y resplandor aumentaba la oscuridad de la noche. Mi tío, intentando calmar el miedo de sus acompañantes, repetía que se trataba de hogueras dejadas por los campesinos en su huida y casas abandonadas al fuego que ardían en la soledad. Luego se retiró a descansar y ciertamente durmió sin la menor sombra de duda, pues su respiración, que a causa de su corpulencia era más bien sonora y grave, podía ser escuchada por las personas que iban y venían delante de su puerta. Pero el patio desde el que se accedía a su habitación, repleto de cenizas y piedra pómez había subido de nivel de tal manera que, si hubiese permanecido más tiempo en el dormitorio, ya no habría podido salir. Luego que fue despertado, salió fuera y se reúne con Pomponiano y los demás que habían pasado toda la noche en vela. Deliberan en común si deben permanecer bajo techo o salir al exterior, pues los frecuentes y fuertes temblores de tierra hacían temblar los edificios y, como si fuesen removidos de sus cimientos, parecía que se inclinaban ya hacia un lado, ya hacia el otro. Al aire libre, por el contrario, el temor de la caída de fragmentos de piedra pómez, aunque estos fuesen ligeros y porosos, pero la comparación de los peligros les llevó a elegir esta segunda posibilidad. En el caso de mi tío venció el mejor punto de vista, en el de los demás venció el temor mayor. Para protegerse contra los objetos que caen, colocan sobre sus cabezas almohadas sujetas con cintas. En cualquier otro lugar era ya de día, pero allí era de noche, una noche más densa y negra que todas las noches que haya habido nunca, cuya oscuridad, sin embargo, atenuaban el fuego de numerosas antorchas y diversos tipos de lámparas. Mi tío decidió bajar hasta la playa y ver sobre el lugar si era posible una salida por mar, pero este permanecía todavía violento y peligroso. Allí, recostándose sobre un lienzo extendido sobre el terreno, mi tío pidió repetidamente agua fría para beber. Luego, las llamas y el olor del azufre, anuncio de que el fuego se aproximaba, ponen en fuga a sus compañeros, a él en cambio le animan a seguir. Apoyándose en dos jóvenes esclavos pudo ponerse en pie, pero al punto se desplomó, porque, como yo supongo, la densa humareda le impidió respirar y le cerró la laringe, que tenía de nacimiento delicada y estrecha y que con frecuencia se inflamaba. Cuando volvió el día (que era el tercero a contar desde el último que él había visto), su cuerpo fue encontrado intacto, en perfecto estado y cubierto con la vestimenta que llevaba: el aspecto de su cuerpo más parecía el de una persona descansando que el de un difunto. [...]"

En la Porta Marina rápidamente compramos nuestras entradas y una audioguía. Sorprendentemente no hay demasiados turistas y no tenemos que esperar cola para entrar.

Paseamos sin prisa por sus calles, en sandalias, como lo hicieran sus habitantes hace dos mil años. Visitamos la Basílica, los templos de Apolo y de Júpiter, el Foro y los edificios de la administración pública, diversas termas (compuestas fundamentalmente de las siguientes partes: apodytherium, frigidarium, tepidarium, sudatorium, caldarium e hypocausto) y algunas casas con sus maravillosos frescos y esculturas como la Casa de los Misterios y la Casa del Fauno, donde es fácil distinguir las diferentes partes que componen la casa señorial romana: el vestibulum en la entrada, a continuación el atrium con varias habitaciones que lo rodean, en su parte superior hay una abertura que permitía el paso de la luz y del agua de lluvia, es el impluvium y justo debajo de éste el compluvium recogía y almacenaba el agua para su uso en la casa; junto al atrium y hacia el interior del edificio, para preservar la intimidad, solía estar el peristylum, un patio rodeado por columnas, ajardinado y decorado con esculturas, alrededor de éste se ordenaban los dormitorios (cubicula), la sala de estar (oikos o eco), la cocina (culina), el comedor (triclinium) y el cuarto de baño (balneum).




También visitamos algunas tiendas, panaderías, restaurantes (thermopolia), dos teatros, un anfiteatro, varios gimnasios donde entrenaban los gladiadores, varias necrópolis e incluso un curioso lupanar con duras camas de obra e inscripciones en las paredes realizadas por los clientes alabando las cualidades de tal señorita o advirtiendo de las enfermedades que contagia Fulanita.


Pero lo que poderosamente parecía atraer la atención de los turistas eran los famosos calcos y alrededor de ellos se amontonaban decenas de foráneos como blandiendo sus cámaras. Fue Giuseppe Fiorelli quién experimentó la técnica de los calcos en yeso con el fin de revivir la dramática agonía de los pompeyanos. Los cuerpos de personas y animales, recubiertos por una gruesa capa de material incandescente procedente de la erupción, se descompusieron dejando un vacío en el compacto banco de ceniza. Fiorelli, colando yeso líquido en estas cavidades, consiguió sacar unos calcos que reproducían fielmente los rasgos de hombres y animales en los últimos instantes de su vida.

En nuestro largo paseo habíamos consumido toda la mañana y toda la tarde, parando únicamente a comer un bocadillo y algo de fruta en un restaurante moderno, estratégicamente colocado en la vieja ciudad. Según la guía Lonely Planet se necesitan al menos tres horas para visitar Pompeya. Pero nosotros debido al entusiasmo de poder pasear por una ciudad de hace más de dos mil años y tan extraordinariamente bien conservada, habíamos empleado más de ocho. No nos quedaba ni tiempo ni fuerzas para ascender al cráter del Vesubio pero nos daba igual. Lo que habíamos visto y aprendido en Pompeya nos parecía mucho más interesante.

Con los pies cansados y sucios regresamos a la estación y tomamos el tren de vuelta a Nápoles. Diana fue derecha para el hotel y yo salí a dar mi último paseo por la decadente ciudad y a buscar algo de fruta para que cenara mi preñadita antes de acostarse.

Aquella noche prácticamente no pegué ojo, como un niño que es incapaz de conciliar el sueño después de un día intenso, lleno de emociones. Mi mente estresada era bombardeada a cada instante por palabras latinas recientemente aprehendidas... triclinium... impluvium... frigidarium... Aaaaah!...

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Enlaces de interés:
http://locuraviajes.com/blog/pompeya-legado-historico/

4 comentarios:

Daniela dijo...

Me encantó tu blog, aún no lo leo completo, pero creeme que lo haré. Gracias por dejar tu comentario en mi blog. Te envío muchos saludos desde Chile y espero que nos sigas entreteniendo con tus historias y viajes, yo espero seguir haciendo lo mismo con los míos. Disfruta tu libro!(Viva Neruda!)

INGELMO dijo...

Daniela, me alegro de que te guste.

El libro de Neruda ya casi lo he terminado y la verdad es que, aunque su poesía no es de lo que más me gusta, sus memorias me encantan. Son una buena manera de conocer la vida bohemia de la época y su opinión sobre un montón de países y culturas.

julio dijo...

Primera vez que leo un blog y realmente t los haz currado, me ha hecho reir y me a gustado mucho anoche estuve hasta las 4 de la mañana leyendo y mirando los datos q haz colocado para asi enterarme de tantas cosas q relatas, yo en roma ya he estado pero voy ahora de nuevo 5 dias tengo gran duda de si ir a florencia o a napoles que me recomiendas, gracias.
Atte julio

ingelmo dijo...

Me alegro, Julio, que te haya gustado. La verdad es que las entradas de mi viaje a Italia fueron de lo primero que publiqué en el blog y además entonces disponía de mucho tiempo libre para escribir, y todo eso se nota.

Respecto a recomendarte entre Florencia o Nápoles, es complicado. Ambas ciudades son imprescindibles. Pero, si he de mojarme, en mi opinión es mucho más bonita, agradable e interesante culturalmente Florencia que Nápoles; pero Nápoles tiene Pompeya, que para mí es una de las excursiones más interesantes y emocionantes que he hecho hasta hoy día.

Así que, si lo que te apetece es disfrutar de una estancia tranquila, visitando museos y obras cumbre de la arquitectura, ve a Florencia. Pero si prefieres visitar algo tan excepcional como es Pompeya y de paso darte una caminata hasta la cumbre del Vesubio, elige Nápoles.

Disfruta de tu viaje y a la vuelta si quieres me cuentas como te ha ido.

Un saludo.

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